miércoles, 2 de diciembre de 2020

EN VANO


Hay veces que mi mano 
aunque quiera no escribe. 
Toma la lapicera 
lo mismo y se imagina 
trazando un dúctil verso 
inaugural. No hay modo 
de apartarla del sitio 
en que se queda inmóvil 
sobre el papel y tiembla. 
Hay veces que mi mano 
calla como los árboles 
que ya no tienen hojas 
y aguardan la futura 
hacha que los voltee. 

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