La límpida --no hay otro
adjetivo que enfoque
mejor sus elementos--
mañana me presenta
las cosas del jardín
en su esplendor: el verde
de las plantas, cruzado
por la grata solombra,
y el marrón de la amarga
tierra que no se viste
de césped no me anuncian
sino a ellos mismos: dulces
colores que, precisos,
gozan en lo que son.

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