Es como si tuviera
demasiadas palabras
en la mente a la vez
que un llanto y un silencio
la poblaran. Me agotan
el ruidoso volumen,
la minuciosa música
y el eterno ajedrez.
Queda escribir, decir
naderías a nadie
--a mí mismo-- y armar
una nueva versión
de mi voz, del vacío.

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