
Mi amigo zarateño
tiene que trabajar.
Madrugador, se acuesta
a eso de las diez.
Pero a veces las frases
se le aparecen: piden
que escriba, y en su mente
repasa endecasílabos
hasta muy tarde. Mucho
esfuerzo y poca plata.
Mi amigo zarateño
padece de escritura.
No puede prescindir
de ese tenaz insomnio.
Ojalá que la noche
le dicte versos claros.
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