Como libros que yacen
después de ser leídos
y nada dicen luego
a no ser en la mente,
que, torpe de memoria,
tiene que repasarlos,
me dejaste concluso
de palabras y fui
una llamada más
del día. No tuviste,
está visto, memoria
de lo dicho. Qué pena:
te dije que te amaba
y aún no lo sabés.
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