¿Ya no hay guerras? Dejé
de ver los noticieros
y mi casa siguió
quieta en sí misma: ahora
la escucho: sus paredes
se me demuestran firmes
en el temblor nocturno.
No las guerras: el torpe
teatro de noticias
que me inmovilizaba,
reluctante, escupí.
Ya no sé qué es real.
Atiendo a lo que late.

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