Amanece. Tal como
ha sido siempre. Llueve
de un modo muy sereno
y las aves apenas
dicen sus cosas. Una
luz blanca aquí, en mi cuarto,
ilumina las pocas
palabras que ninguno
de mis seres me dicta.
Salen más bien del fiel
que también soy. Detalles
que anoto para así
dar cuenta de que al mismo
tiempo en que te volviste
mi cuarto me esperaba
para trazar un dolmen.

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