No hace falta escribir:
permanecen las cosas
en su quietud y vos
también estás callado,
casi inmóvil. Tu mente
no tiene expectativas
de nada más que andar
por entre los objetos
de tu casa: no hay lucha
entre adentro y afuera.
Callan, como te digo,
las sillas, los rincones
y hasta el mate: no hay modo
de ignorar la presencia
de ese Buda que canta
en plenitud su ser.

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