Se ha renovado el cuerpo
de la orquesta. Los jóvenes
aparentan no verme
y mientras tanto yo
me afano con las partes
y trato de seguirles
el paso. La batuta
del director de pronto
se detiene en mis canas:
"A ver, de pie". Me pide
que me vaya: distraigo
a los otros con mi
escuela de otro siglo.
Me despierto incapaz
de lanzar ni un insulto.

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