Lo que siento lo siento
para mí. Si lo escribo
transformo esa vivencia
en palabras que poco
a poco se disocian
del impulso inicial
hasta que, emancipadas,
nada tienen que ver
conmigo. Qué dirías
si el tiempo, inaferrable
en esencia, se hiciese
duradero y encima
impersonal. No hay forma
de fijar la vivencia.
Las palabras seducen
con su mostrarse incólumes.

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