
Tu maldita homofobia
no pudo soportar
mis uñas largas. Una
mala tarde de enero
me agarraste en el patio
y sin contemplaciones
me las cortaste. Un poco
dolía tu torpeza
pero, obvio, lo peor
fue que así me humillaras.
Si aún vivieras, si
aún mordieras, padre,
a la gente, me haría,
sin dudarlo, travesti.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario