
Tus párpados ligera-
mente caídos, y algo
más rojos, más carnales
tus labios: así vos
me oías desde el fondo
de la noche. Después
vi una copa de vino
entre tus manos de ibis,
que a veces apoyabas
en tu mejilla. Solo,
pienso en la suerte loca
que es una chica oyéndote
contar tus chistes, tus
andanzas, y ese mundo
de tiempo sin relojes.
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