martes, 26 de mayo de 2020

EL VIEJO WILFREDO PRIETO TENÍA RAZÓN


Las horas, que se escurren 
--y no hay nadie que pueda 
fijarlas en un punto--, 
son como un vaso en medio 
del desierto, colmado 
al principio de agua. 
El sol, inapelable, 
la evapora de a poco, 
si es que no la ventisca 
lo vuelca. Se evapora 
el líquido, o se vierte: 
sólo un vaso es la dócil 
vida, y no se repite. 

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