
Y si me quiebro, quiebro
la rígida columna
que me sostiene cuando
repaso las novelas
del siglo diecisiete,
como El Quijote o como
El Buscón, y también
otras menos insignes
y hasta desconocidas.
Me reviento la espalda
sordamente y prosigo
con la ingesta del rubio
metal. ¿Y lo de ahora?
¡A ver si se amarillan
sus hojas, tan impúberes!
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