
Jugamos dos partidas
de ajedrez por la tarde
luego de haber estado
en la Plaza leyendo
Javier Marías, un
gallego cejijunto
como yo. Fueron cosas
que a gusto hicimos. ¿Pueden
conformarse las ganas?
No, porque el alma exige
más y más, y no somos
sabios. (Somos ositos:
dennos toda la miel.)
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