
Un tiro por la espalda
para finiquitar
la tarea: que el pueblo
se amedrente, que tiemble
ante los uniformes.
No son muchos secuaces
los que hacen falta sino
humillación. El pueblo
acepta, mama y llora
hasta que se rebela.
El pueblo: los millones
de esclavos que confirman
la cadena invisible
que nos tiene de bruces.
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