
Es un antiguo gesto
el de escribir: sentados,
empuñando un estilo
o una birome sobre
alguna superficie
que registre las formas
de la escritura, somos
uno con el asirio
que le cantó al amor
y a la guerra. Desnuda,
me esperás en la cama.
Demoro ese placer
con otro más furtivo
y esencial: deletrearte
en un poema cierto.
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